¿SIGUE HABIENDO LUGAR PARA LA VOCACIÓN?

Samantha Carbajal/ 25/07/2022

Mas…turbaciones mentales. Serie semanal

Por Gilberto Castrejón
Doctor en Filosofía de la Ciencia
Twitter: @gil_castrejon

Recuerdo que hace poco más de un par de décadas, cuando siendo adolescente, yo y muchos miembros de la “generación X” habríamos de tomar ciertas decisiones trascendentes en relación con: ¿qué carrera elegir?, ¿qué hacer para “ganarse la vida”?…, y cabe decir que la mayoría pensábamos que dichas decisiones estaban relacionadas con aquello que en ese momento llamábamos vocación, y que implicaba, de una u otra forma, el si queríamos ser dignos miembros de la “raza lunar” o, asimismo, dignos miembros de la “raza solar.”

Como bien dice Emerson: “El enigma de la época tiene para cada uno una solución particular”, de aquí que precisamente, muchos individuos, colocados en situaciones límites como las de “elegir una profesión u oficio para dedicarse toda su vida”, tienden a disfrazar sus decisiones en pos de autodefinirse como “verdaderos hijos de su tiempo.”

Comencemos desde el principio. Entiendo por  “raza lunar”, al conjunto de individuos que toman la decisión de dedicarse a una profesión u oficio simplemente tomando como referencia a sí mismos, esto es, que eligen en términos  de “aquello que me define y potencie mis capacidades”, son los mismos que —en parte afortunados, en parte señalados—, muchas veces estudian carreras poco conocidas o poco populares y/o difíciles, o que, si acaso eligen cualquier “profesión popular o de moda”, lo hacen por el simple hecho de que ellos son así, no únicamente en términos de “qué es lo más conveniente para asegurar mi futuro”; algunos los llaman “idealistas”, sin embargo, suelen tener una férrea obstinación por lo que hacen, lo cual precisamente resulta necesario en la mayoría de las profesiones vinculadas a dicha raza, rasgo característico de estos individuos: acostumbran a vivir de noche y trabajar de día, y siempre sueñan, incluso cuando caminan, además de que cuando les toca hacer ciertas cosas mundanas, procuran dedicarle el menor tiempo posible, y lo más probable es que cuando llegan a su casa, también trabajan, pues su trabajo es lo que más les gusta hacer, y afortunadamente: les pagan por hacerlo. A su vez, entiendo por “raza solar”, al conjunto de individuos, los cuales son los más, que eligen una profesión u oficio en términos de conveniencia, herencia, influencia, comodidad, facilidad, etc.; muchos de ellos —afortunadamente no todos—, administran empresas, dependencias de gobierno e incluso llegan a interesarse por la política, pues los “dividendos son muy buenos”; además, existen casos de estos individuos que han estudiado una carrera propia de la otra raza, pero a final de cuentas termina aflorando lo que son; (hago un paréntesis, no pretendo denigrar a ninguna profesión u oficio, mucho menos a quienes las profesen; pues considero precisamente que toda profesión u oficio son dignos, los indignos son los individuos, sobre todo los que “no se ponen la camiseta” y se resignan a realizar una actividad que no les agrada); continuando con esta raza, estos individuos también trabajan en el día, pero se distraen o divierten en la noche, incluso durante la misma jornada de trabajo, pues para ellos, sólo se trata de hacer una actividad que asegure “el bienestar económico y el futuro”; cabe señalar que muchos de ellos resultan ser megalómanos y narcisistas,  es decir, ansiosos de reconocimiento y poder. 

Entrando en materia, si por vocación entendemos “la inclinación de una persona por una profesión, forma de vida o actividad”, ¿verdaderamente los individuos eligen su profesión u oficio en atención a lo que significa para ellos la vocación?, ¿por qué los miembros de la “raza lunar”, que son los pocos, verdaderamente han elegido bien, en comparación con los de la “raza solar”, que son los muchos?, creo que lo que la mayoría de nosotros no entendemos, es que, independientemente de las condiciones culturales, sociales y económicas de la sociedad a la que pertenecemos, elegir una profesión u oficio implica un “llamado interior”, y una conjugación entre profesión, forma de vida y actividad ligada a la profesión elegida; aunque, cuando el tiempo, la época a la que se pertenece, no hace más que orillar al individuo a elegir profesiones donde quizá realice una actividad monótona, y donde pretenda compensar el peso existencial y del trabajo, con una forma de vida narcisista y material, los resultados puede que no sean muy buenos, incluso el papel de las universidades, que en gran parte debería de corresponder a potenciar la vocación y habilidades del individuo, puede que no se cumpla del todo.

Así, cualquier individuo que acceda a una educación universitaria debería verse a sí mismo como un fin, al igual que a su carrera, pues esta última no debe ser sólo el “medio que le permita ganarse, y muy bien, la vida”, debe ser aquello que lo defina y potencie sus capacidades, de aquí que quizá, en sociedades como las nuestras, encargadas de “minar el espíritu” de los individuos en pos de “potenciar su productividad y consumismo”, no haya mucho lugar para la vocación. Finalmente, cada quien puede elegir ser “abundante en posesiones” pero “mediocre en espíritu”, y eso no está ligado a la profesión u oficio que se elija, sólo está ligado a la incapacidad de aplicar nuestra vocación en la elección de una profesión u oficio.

Conducir adecuadamente nuestra vida es sinónimo de las decisiones que tomamos, por algo toda decisión trascendente, afortunada o desafortunadamente sólo reflejará lo que somos, ya que resulta obvio que todos tenemos vocación, pero corremos el riesgo de errar en nuestras decisiones cuando decidimos olvidarnos de nosotros mismos, y atender sólo a lo externo, lo cual precisamente nos hace menos seres humanos…

PD Si se me ha comprado la idea de las dos razas: ¿a cuál de éstas pertenece cada uno de nosotros? 

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