¿PROBAR DROGAS O HABERLAS CONSUMIDO IMPLICA TENER MENOS ALTURA MORAL?

Samantha Carbajal/ 13/06/2022

Mas…turbaciones mentales. Serie semanal

Por Gilberto Castrejón
Doctor en Filosofía de la Ciencia
Twitter: @gil_castrejon

Recuerdo que en mi infancia, la gente del barrio solía catalogar a los “mariguanos” como gente indeseable y violenta, entre otros apelativos de los cuales los señores alcohólicos, mañosos y malvivientes estaban excluidos, es decir, ser alcohólico y flojo no era tan mal visto como ser drogadicto. De aquí que creo que para una sociedad tan contradictoria como la nuestra, decir incluso que uno ha probado las drogas implica que la mayoría nos comience a mirar con “otros ojos”. No creo que alguien se deba sentir mal o ser reservado en cuanto a sus “hábitos incómodos” o acaso tropiezos, personalmente, cuando me han preguntado “cuál es mi experiencia con las drogas”, sólo atino a decir la verdad: amplia; y es que me encanta observar los rostros de los interlocutores, pues en la mayoría de los casos, su opinión, percepción y experiencia para con los “paraísos artificiales”, está más que tergiversada y llena de prejuicios, pero sobre todo: es bastante nula.

A estas alturas del “asunto”, puede que sea más recomendable tratar determinados temas con “guantes y pinzas”, en lo oscurito, sobre todo por aquello de “la reputación”, ya que se corre el riesgo de que lo perciban a uno como una mala influencia, pues como diría Antonio Escohotado: “En efecto, muchos conciben hoy el uso de ciertas sustancias como una nueva forma de pecado, y los códigos tipifican esa conducta como una nueva forma de delito.” Precisamente, muchos códigos sociales tipifican ciertas conductas en relación a determinados aspectos con los que el individuo “suele hacerse presente en el mundo”, vaya, hasta parecería que sólo porque las drogas están fuera de la ley, y lo digo en su sentido más lato, es que todo aquel que tenga contacto con éstas, al menos mínimamente, adquiere una condición moral que está por debajo, por ejemplo, de la de cualquier individuo que se consume la vida y la de sus seres queridos con el alcohol o el tabaco.

Llegados aquí, y haciendo un paréntesis, tengo que reconocer que no recomiendo ninguna droga, pero que, si es que puede considerársele droga, la única droga que sí recomendaría es el peyote, pero únicamente si su consumo se lleva a cabo con todo el ritual, y obviamente en el desierto, sólo así puede vivirse algo tan extraordinario.

Las drogas destruyen, es cierto, apendejan, puede que sí, pero en la mayoría de los casos sólo a aquéllos que no están hechos para ello, y me refiero solamente a que si uno trae en las entrañas la destrucción, ya sea justificándola con tragedias, abandonos o depresiones, lo más seguro es que conseguirá lo que busca, y lo hará ya sea con drogas o alcohol, comida, obsesiones, etc. Como dijera el maestro Burroughs: “Las drogas no dan bienestar ni felicidad a quien las consume, son una forma de vida, insertan en el adicto una fórmula básica, el álgebra de la necesidad.” Hay que tener fortaleza para entrarle a cualquier droga, si no es así, lo más seguro es que la droga, sea cual sea de la que se quede uno prendado, acabará contigo, y con tu bolsillo, sobre todo las sintéticas como la cocaína, el crack, la ketamina… Pero precisamente esa misma fortaleza, si se cuenta con ella, es la que dará la cara y permitirá mostrarse al consumidor de drogas, como alguien que no tiene ni menos moral, ni es un delincuente, ni nada que se le parezca, y que de ninguna manera, la droga podrá más que él. La experiencia me ha mostrado que muchos de los que condenan a las drogas o al consumidor, tienen menos altura moral y, a veces, hasta resultan ser personas menos productivas.

Cabe aclarar que no pretendo ser un defensor de las drogas, ni mucho menos del consumidor, sólo deseo señalar que al consumir una o más drogas, no se adquiere una condición moral menor, pues el ser una persona ética, sólo está relacionado con la naturaleza de nuestros actos, y hay tantas personas, acaso de buenos hábitos, cuya conducta es por demás cuestionable. Sólo puedo decir, también dada mi experiencia, que las drogas pueden dar algunas respuestas y hacer que nos “caigan veintes”, ya sean buenos o malos, pero que para nada podrán resolver vidas, pues incluso se corre el riesgo de caer en la miseria humana más aterradora. Por ello: sólo los que poseen verdadero temple pueden internarse en la “caverna de las drogas” y salir de ésta para contarlo.

PD Yo por el momento sólo puedo decir que de mis experiencias con las drogas, las mejores fueron con la mescalina y el LSD, las peores con el crack y la cocaína, y a la que más le tengo cariño es a “maryjane”.

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